En su afán por la Reconquista el partido del Gobierno no escatima esfuerzo alguno, al contrario y como se diría en estos casos, se está empleando a fondo. Ya no les importa lo que se diga o se piense sobre la acción del Gobierno, ellos van a lo suyo. Y nunca mejor dicho, porque lo suyo, cada vez está más claro que nada tiene que ver con lo nuestro, dicho de otro modo, con lo que es de todos, lo público. Aquello que es de todos y que por imperativo están obligados a preservar. Y sin embargo y lejos de esta realidad el afán privatizador y el negocio que ello supone les está llevando a una locura de la que no se libra nada ni nadie. Y además se atreven con todo. Lo último esta nueva norma que permitirá que “agentes“ de seguridad privada campen por las calles como si fueran policías con la mismas atribuciones que las fuerzas de seguridad y con esa autoridad hasta ahora sólo atribuida al Estado. Creo haberlo dicho ya en estas mismas páginas. Personalmente me inspiran muchas más confianza las fuerzas de seguridad cuando me topo con ellos en un aeropuerto que esta pandilla de tatuados cuyo intelecto no fue suficiente para acceder a ningún cuerpo policial dependiente del Estado. Qué duda cabe que la preparación de unos y de otros para su razón de ser dista como el aquí y las antípodas. Pero esto al fin y al cabo es lo de menos. Porque un guardia civil es un servidor público, como un policía, un ertzaina, o un guardia urbano de Barcelona, por poner un ejemplo. Y todos ellos sirven a los mismos, a usted y a mi, al pueblo. Aunque a veces nos forren a hostias. Sin embargo, ¿a quién servirán los uniformados de esa empresa privada, en manos privadas, de intereses privados? Que nadie descarte que al hilo de esta normativa y en aras de la “seguridad“ tan cacareada en estos tiempos para protegernos ellos sabrán de qué o de quién, nacerán empresas de seguridad al servicio de intereses que nada tendrán que ver con los tuyos y aún menos con la seguridad tal y como la entendemos la mayoría de los mortales. Al contrario, si éramos pocos parió la abuela. Esa es la cuestión. Poner en manos privadas la seguridad pública es, por parte del Estado, mucho más que una mera dejación de funciones, es una abdicación en toda regla que deja al ciudadano en una situación casi de orfandad frente a entes muy poderosos que utilizarán a estas empresas para hacerse aún más poderosos. Decía Bukowski que la policía cuanto más lejos mejor, y no le faltaba razón. Pero mira por dónde si la montaña no viene a mí... y en el país de la UE15 donde menos delitos se cometen, con una tasa de criminalidad irrisoria, comparada con otros países de nuestro entorno, y por ese afán desmedido de negocio al que sirve nuestros gobernantes, muchos de los cuales están o han estado vinculados con empresas del ramo, si no queríais taza tendréis taza y media. Y, si no os gustaban los maderos os daremos serrín.