jueves, 10 de septiembre de 2015

señores de la guerra.

Huyen de la guerra como el que huye de un agujero negro que sabe le absorberá y aniquilará para siempre. Huyen de frontera en frontera sin otro criterio que la mera supervivencia. Mientras por encima de sus cabezas vuela el halcón. Son la carne que los señores de la guerra reparte entre los suyos como trofeo, son el foco donde se pierde la mirada, antes del olvido definitivo. Son la realidad más dura de las guerras, cuyo saldo de beneficios descuenta cada ser humano, cada cadáver, el hambre, el frío, la desesperación. Son el espejo en el cual podría mirarse cada uno de nosotros para después preguntarse: qué he hecho yo para estar mejor que él. Para no tener que huir. Para que el interruptor de la luz, obediente, me permita gobernar mi cálida estancia y seguir el sueño de mi vida, el decurso de esta existencia que se niega a otros. Y por encima de sus cabezas el halcón. Ese egoísmo que quiere más y más y más... insaciable, dueño y señor de nuestro destino.