viernes, 20 de junio de 2014

privilegios reales.

Sabías que doña Leticia Ortiz de Borbón, reina de España, es la única mujer española que no puede divorciarse de motu propio, o lo que es lo mismo sin el consentimiento de su marido: Felipe VI, rey de España. Hay que joderse!! pero los privilegios de la monarquía lo abarcan todo por lo inviolable del jefe del Estado que por no ser violado no pude serlo no ya por ciudadano anónimo alguno, sino ni tan siquiera por su propia esposa. Ella se lo ha buscado. El amor a veces tiene estas cosas. Y tiene cosas tales como la gran cantidad de ganapaes que al unísono, desde la casta política hasta la prensa (esta casi de modo unánime) han ido a la carrera a adular la institución monárquica, desde los logros del rey padre a lo largo y ancho de los últimos 30 años hasta las bondades que supone una monarquía renovada, que no sucesora de la anterior ésta impuesta por el caudillo en aquel dejar todo atado y bien atado. Y así hasta nuestros días. Porque contrariamente a lo que se diga la monarquía no ha sido sino la bóveda que a su vez ha servido para proteger a unos y para que otros se refugien bajo su influencia, que no es poca, y medren desde la mediocridad hasta la más pura abyección. Resulta pintoresco ver cómo la prensa al unísono y por lo que algunos denominan responsabilidad institucional se ha desfondado para alabanza de una casa real desprestigiada por los cuatro costados y en cada una de sus generaciones. Resulta increíble la retórica al respecto: la gran preparación del nuevo rey, los muchos idiomas que habla, además de euskera y catalán, el porte de hombre distinguido que prácticamente le acompaña desde niño... y bla bla bla. Y ello en un país con casi seis millones de parados, de los cuales casi la mitad son jóvenes y más de la mitad de estos universitarios que por supuesto también hablan idiomas, muchos de ellos además de euskera y catalán, gallego, ruso, árabe, serbocroata y bable. Y digo yo!, como decía el cartero de Crónicas de un pueblo: si está tan preparado por qué no se presenta a una oposición para bombero, guardia municipal, secretario de ayuntamiento, guarda forestal o, escribano; de esos que lo taquigrafían todo en el Congreso de los diputados, que dicen ganan una pasta por tragarse mil y una mentiras y además de oírlas tienen que transcribirlas . O aún mejor: por qué ninguno de ese millón de jóvenes españoles tan preparados como el nuevo monarca se presenta a una oposición para ser jefe del Estado. No me lo digas. No hay oferta pública de empleo ese respecto. Ese puesto no está vacante y cuando lo está siempre hay un vástago esperando. Pero mirar el lado bueno chicas: si un día tu pareja, tu marido llega a casa con aroma de leña de otro hogar, como dice la canción, y lo ves pertinente; le puedes mandar a paseo. Y san se acabó. Doña Leticia no goza de ese privilegio. 

sábado, 14 de junio de 2014

turno de palabra.

Después de visionar las diferentes cadenas de televisión durante una semana, un mes o el tiempo que sea uno llega siempre a la misma conclusión: mero consumo. Y por supuesto una irreparable pérdida de tiempo. Siempre he pensado que vivimos condicionados por razones culturales, profesionales, económicas, familiares, políticas... y un largo etcétera. Fruto de una realidad que nos atrapa e incluso cuando nos abandona echamos de menos. Otra cosa bien distinta sería vivir bajo las leyes únicas de la naturaleza, la propia que como seres humanos nos resulta inherente y aquella que nos impone el medio. Para que nos entendamos: cuando hace frío uno se abriga y cuando hace calor... y dicho así las noches son para dormir. Pueden serlo para leer, para contemplar la luna, si la hay y no vives en Euskadi donde más de la mitad del año está nublado y ver cualquier astro, que no sea un cocinero, suele resultar a veces milagroso. También puedes reflexionar antes de que el sueño te derrote, charlar con tu pareja de vuestras cosas (siempre hay algo de lo que hablar), podéis hacer el amor ahora que los niños ya están dormidos, después haceros caricias y recíproca compañía en la que el otro sienta que estás ahí y que estás siempre, para lo bueno y para lo malo. También podéis dedicaros a conoceros mejor, por qué no. Y al final cuando la noche se ha convertido en silencio, pues eso, a loló y a disfrutar del sueño. Y sin embargo miles porque me consta que son miles de personas, cada noche se plantan ante el televisor para ver esos programas repulsivos donde un grupo de ganapanes defiende sus ideas a gritos, generalmente entre insultos al adversario, a veces incluso con amenazas, diatribas y propaganda mucha propaganda. La diferencia entre un país civilizado, culto y en definitiva desarrollado, con otro que no lo es a veces estriba en la calidad de sus contenidos televisivos. Pero no nos engañemos: ningún país culto y civilizado se libra de tener entre sus ondas telebasura, ni tan siquiera canales temáticos dedicados a la misma. No. El problema está en lo que nos ofrecen y aceptamos sin rechistar. Lo digo como sociedad. Me permito decir que, aunque alguna vez he pecado, me siento muy lejos de toda esa mierda. Y lamentablemente y aunque jugando al fútbol, al tenis, a las motos... y tantos deportes que alimentan la estulticia nacional dicen las crónicas somos tan buenos; también somos los primeros en consumo de telebasura. Mierda que semana a semana se recicla como la mismísima actualidad para que al tragar no raspe la garganta. Y preste atención al tertuliano de turno, que lo que va a decir es muy interesante, tanto como la réplica del contrario.