Cuando un grupo de mentirosos se reúne cada mañana para decretar la mentira oficial del día miles de personas, millones, llevan varias horas en el tajo, víctimas de esas mentiras, de esos tipos grises y sin brillo alguno que, procedentes de las escuelas de negocios universales dedican sus vidas a eso precisamente; a mentir a la opinión pública y a llenarse los bolsillos con el dinero de los contribuyentes, el suyo, el de usted, el de su vecino, su cuñado y lo que se pueda arramblar. En un país donde la saga de banqueros más laureada se apellidan Botín y el ministro de economía De Guindos (del verbo guindar) puede pasar cualquier cosa menos cosa buena. Un grupo de chulos de puta pagan la barra libre de sus juergas a cuenta del contribuyente, que no sólo ha perdido sus ahorros sino que además y por el desaguisado y la monumental estafa y la quiebra que ello ha supuesto; el Estado se ha visto obligado a rescatar la cueva de los ladrones como no, con nuestros dineros. Cuántas putas habrán sido folladas a cuenta de las dichosas tarjetas negras. Litros de alcohol derramados y correteando por la tráquea del ladrón. Balas perdidas en el horizonte africano para suerte de algún antílope. Pulseras, relojes, coches deportivos, comilonas... y los jueces en babia. Y si en este estado de cosas no ha sido necesario construir más cárceles para meter a tanto sinvergüenza a lo mejor de lo que se trata es de construir hospitales psiquiátricos en los que tarde o temprano acabaremos todos. Y cierto que son varios los "ilustres" que de diferente ámbitos y por diferentes motivos pueblan las prisiones en los cuatro puntos cardinales. Yo quiero más. Porque son muchos los desmanes, los delincuentes y sobre todo los damnificados, que al fin y al cabo somos todos. Como decía George Best "gasté mucho dinero en mujeres coches de lujo y alcohol, el resto lo malgasté" Pero el bueno de Best se gastó y malgastó su dinero, ganado honradamente dándole patadas a un balón. Estos sin embargo se han gastado nuestro dinero, los muy hijos de puta.