lunes, 5 de noviembre de 2018

fascismo


Los más viejos del lugar lo recuerdan porque resulta difícil de olvidar: bandas uniformadas con camisas azules imponiendo su orden y disciplina en las calles, como si fueran suyas. Los seguidores de José Antonio Primo de Rivera, pistola al cinto, en busca de ese caos que después alguien tendrá que ordenar, porque en su ideario está esa idea tan suya de que, al final siempre vendrá un pelotón de soldados a salvarnos.
Primero fue Catalunya. Y ahora vienen a Euskal Herria. Nuestra tierra no les importa, es más nos odian y nos odian por muchos motivos que ahora no viene a cuento y sin embargo se presentan ante nosotros para demostrar a los suyos allende el Ebro lo machotes que son, que no tiene miedo, que la Reconquista empieza en “las Vascongadas” y que nada que no lleve el sello de su lengua, su cruz y su espada tiene sitio en esa España Eterna, madre de todas las madres y patria de todas las patrias. La exaltación fascista vivida en Altsasu es la mejor prueba de ello. Y aunque a este lado del Ebro, los conocemos, sabemos de qué pie cojean y no nos van a engañar, al contrario aquí cada vez son menos, desde allí desde el otro lado, desde su capital Imperial donde hacen sus leyes, vierten sus mentiras desde los medios de comunicación cómplices de tanta infamia, y ordenan y mandan; nos pueden hacer mucho daño.  La libertad siempre está en peligro, entre otras cosas porque el fascismo brota desde la ignorancia de las masas aleccionadas para el efecto en ese gran laboratorio que llaman medios de comunicación.

miércoles, 4 de abril de 2018

decía mi admirado Pío Baroja que la ambición y el egoísmo son los motores de la vida, si no los motores, al menos el combustible que hace que todo esto se mueva. Lo que no nos aclaró es en qué dirección íbamos, si era la adecuada o simplemente la única posible. Fruto de un proceso evolutivo que nos hace cambiar constantemente al arbitrio de lo que dictaminan los tiempos en nuestro afán de supervivencia, donde la ética y los valores van cayendo como caen las hojas del calendario. Nietzsche nos definió como una especie pequeña y ennegrecida que afortunadamente es de duración limitada. Para rematar y regodearse con aquello de, "la vida sobre la Tierra es un instante"
Aún a sabiendas de que el daño del que somos capaces de hacernos entre nosotros es ilimitado, es alentador saber que el planeta está a salvo y que antes que después nos extinguiremos en aras de una paz de la que podrán disfrutar el resto de los animales.