lunes, 15 de septiembre de 2014

herencia.

Mucho se ha hablado y se sigue hablando de la "herencia" que el actual Gobierno ha adquirido como si de una disposición testamentaria al uso se tratara en referencia al "desconcierto" "desorden" "déficit"  y Sin Dios del anterior Gobierno. Pero las herencias o mejor dicho los patrimonios que después se heredan se fraguan en el tiempo. Y en ocho años de gobierno y con una oposición miserable resulta harto difícil generar patrimonio alguno que a la postre suponga herencia alguna. La verdadera herencia viene de mucho más lejos. Y mientras las derechas europeas: británica, francesa, italiana, alemana... y demás países civilizados del norte de Europa fraguaron sus herencias en periodos democráticos donde tocaba debatir y contrastar y sobre todo contar con el adversario prácticamente para todo, no sólo para las obvias cuestiones de Estado, no así en España donde el dedo del dictador decidía lo que estaba bien y lo que no. Alemania es el mejor de los ejemplos. Terminada la Segunda Guerra Mundial y después de muchas vicisitudes lógicas después de un conflicto bélico de tal envergadura, un pacto entre caballeros no sólo ajusta cuentas con los asesinos nazis, sino que se establece por ley una pedagogía política sin la cual resulta imposible sobrevivir y aún menos establecerse en política y formar parte del stablisment. Desde la educación más básica hasta el mundo de la empresa, aceptan el reto entendiendo que sin memoria no hay democracia. Y es precisamente la clase política quien desde el púlpito que supone la actividad pública se empeña con ahínco para limpiar la lóbrega mancha que el fascismo dejó en el país. Y es así como la cultura democrática impregna los valores de la sociedad alemana desde la izquierda hasta la derecha y del norte al sur. El pasado sólo es una pesadilla que conviene recordar para no repetir. Una derecha como la francesa, británica, italiana... sueca, danesa... que han crecido y se han desarrollado en una cultura y pedagogía democráticas acaban siendo democráticas por pura necesidad. Porque los ciudadanos que les sustentan han aprendido desde la escuela los valores de la democracia por la que dignamente se siente representados y no aceptarían lo contrario. No así en España. La derecha española aprendió del fascismo franquista y por eso está impregnada de autoritarismo. La derecha española ató y bien que ató la sacrosanta Carta Magna para que treinta años después los valores de entonces sigan prevaleciendo. La derecha española, heredera del genocidio franquista, permite que miles de cadáveres yazcan en las cunetas de media España como apestados. La derecha española no tiene con quién reconciliarse: la Iglesia que tanto han defendido ya hace tiempo los exculpó. La derecha española es antidemocrática porque así lo ha mamado de sus huestes pasadas y vive de su herencia y por y para su herencia. Esa es nuestra verdadera tragedia. 

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