martes, 19 de noviembre de 2013

no es lo mismo.

Le dieron unos tartazos, uno detrás de otro, hasta cuatro y se sintió humillada, dolida. Y ahora pide justicia. Alguno de sus muchos abogados: uno de esos tertulianos que van por aquí y por allá opinando absolutamente de todo dijo al respecto que, "estamos obligados a proteger a nuestras autoridades" y yo añado que estamos obligados, porque en ello nos va la vida, a protegernos de nuestras autoridades. Oír a la alcaldesa de Madrid decir que, gracias a la Reforma Laboral no ha habido una escabechina y que los empleados de la limpieza de Madrid han podido conservar sus puestos de trabajo, de entrada da risa, pero que nadie tenga duda que detrás de la gracia hay un puñal envenenado. Y si no, sólo hay que leer la prensa de hoy y echarle un vistazo a eso que el partido del gobierno llama "ley de seguridad ciudadana". Si ésta llega a materializarse podremos decir que se trata de una vuelta de tuerca al código penal más duro de nuestro entorno. Y que al amparo de la misma más de uno y haciendo uso de sus sagrados derechos, meterá la pata sin saberlo, y se verá involucrado en una trama judicial de pesadilla, que lo mismo le arruina que le lleva a la cárcel a purgar su desfachatez. Hace mucho tiempo que tengo la sensación de que estamos volviendo al siglo XIX a pasos agigantados y sin embargo cada día tengo la sensación de que ya rebasamos aquel tiempo y que es a la Edad Media a donde vamos. A un mundo de castas, donde el 1% de la población vive del resto, gracias entre otras cosas a otro restante 9% que le hace de soporte y les jalea y les hace la propaganda y sin los cuales el mundo sería muy diferente. Entre estos últimos, por ejemplo: todos esos ganapanes que ya lo he dicho antes opinan por aquí y por allá y sientan cátedra sobre lo humano y lo divino. Y claro no es lo mismo ser infanta que puta. 

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