Parece que lentamente llega el invierno. Aunque lo cierto es que ha llegado de repente enfriando hasta la conciencia. Dicen los banqueros por boca de sus políticos que la crisis se ha terminado. A partir de ya, no serán necesarios los malabarismos que desde hace algún tiempo nos vemos obligados a hacer para sobrevivir a duras penas. El sol reína en el horizonte. Los policías han colgado sus uniformes. El dinero entra a raudales por todas las esquinas allí donde se pose la vista. Ya tenemos el alta y podemos salir a corretear por los parques sin temor a resfriarnos, las medicinas vuelven a ser sólo de pago anticipado, no de repago como hasta ahora. La escuela pública, la sanidad, la cultura en todas sus acepciones, la bolsa de la compra, la calidad del aire que respiramos, el recibo de la luz... y el fútbol, los toros y los fuegos artificiales. Hasta los negreros de Rosell han decidido convertir su asociación en una ong al servicio de los parados, los trabajadores que no llegan a fin de mes, y los infelices funcionarios que han visto sus salarios reducidos, en algunos casos a casi la mitad. Ya pasó. Ya nada tenemos que temer. Han vuelto los buenos tiempos. Incluso el psoe ha vuelto, palabra de Rubalcaba.
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