He leído unas declaraciones del presidente de Coca Cola Spain en las que muy ufano y seguro de sí mismo afirmaba sin rubor que el pasado ejercicio ganaron 200 millones de euros. Y uno puede llegar a pensar de manera ingenua lo bueno que hay de ello sobre todo para sus trabajadores en esta coyuntura de penuria y depresión económica, donde el día que no llueve es porque hace viento. Que ganen dinero que para eso están, faltaría. Esa es su razón de ser. Y sin embargo y a pesar de lo cuantioso de los beneficios pretenden despedir a 1200 trabajadores. Y es que con la Reforma Laboral de este Gobierno fascista resulta muy fácil y muy barato despedir, bajar salarios, ser víctima de moving, desplazar a los trabajadores de un lugar a otro de manera arbitraria sin tener en cuenta sus relaciones familiares, ser utilizados al arbitrio y las necesidades de la empresa sin otra lógica que la meramente productiva; en definitiva carecer de todo derecho frente a las todo poderosas multinacionales o, ser un guiñapo en una empresa de medio pelo porque la no existencia de convenio colectivo alguno que sirva como referente de imperativo cumplimiento, te lleva a tragar con con lo que diga tu jefe, en sus diferentes cadenas de mando. Pues a pesar de las grandes ventajas que los patronos han adquirido, gracias como ya he dicho y no me canso de repetir, a este Gobierno fascista, Christine Lagarde; insiste en que aún el mencionado Gobierno debería dar una vuelta de tuerca a la dichosa reforma. No me consta que esta mujer se drogue o, tome demasiada coca cola en su caso mezclada con ron, ginebra... o vete tú a saber; pero si de verdad quieren esclavos van por buen camino. Decía mi admirado Mario Benedetti que ningún país había salido adelante con las recetas del FMI. Y el bueno de Mario sabía mejor que nadie que el interés de Lagarde y los suyos no son los países y aún menos sus ciudadanos, sino las élites a las que sirven que a la vez son a quienes se deben. La economía al servicio del hombre ya no está en los planes de político alguno, al menos de los que mandan o aparentan mandar. Es el hombre en su intento de liberarse, no se sabe de qué, trabajando de forma desbocada, comprando de forma compulsiva, aceptando sin rechistar las normas que le imponen una suerte de políticos sin escrúpulos al servicio de don dinero, quien se ha arrodillado ante los llamados Mercados para servirles a mayor gloria de Dios. En la estupenda trilogía de John Dos Passos, América, el autor relata unos tiempos muy parecidos a esta fúnebre actualidad con las obvias diferencias que establecen los casi cien años que han pasado desde entonces. Y es que aquellos personajes que sin duda vivieron mucho peor de lo que vivimos nosotros, al menos tenían ilusión e incluso recovecos por lo que huir de la pobreza, pero sobre todo, tenían esperanza. Y es eso precisamente lo que el presidente de Coca Cola Spain y la señora Lagarde nos han robado a los ciudadanos: la esperanza de un mundo mejor.
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