Del mismo modo que en muchos lugares de África muchas niñas recorren kilómetros de tierras áridas en busca de agua, si nadie lo remedia muchas niñas en este caso españolas, padecerán un largo peregrinar por clínicas y consultas varias hasta que alguien ajeno a su voluntad dicte si sí o si no podrán abortar. No diré ejercitar su derecho al aborto porque éste no existe, ya que no se contempla como un derecho, sino como una posibilidad dentro de unos márgenes que establece la ley. Y es precisamente esta ley la que el actual Gobierno a instancias de los resortes más rancios de la sociedad, quiere aniquilar y convertir el aborto en eso: un peregrinaje desesperante en muchos casos contra reloj que hará que muchas chicas se vean abocadas a un trámite ilegal, sórdido y sin las garantías sanitarias que precisa la intervención con los consiguientes riesgos. Y hablo de la mayoría de chicas y que en términos cuantitativos no me cabe duda serán muchas. De esas otras cuya alternativa está allende fronteras y cuyo poder adquisitivo les permitirá viajar a Londres, Amsterdan o cualquier otra ciudad europea no diré nada. Buen viaje. Según las encuestas el 70% de los votantes del partido de Gallardón no están de acuerdo con su reforma, pero algo me dice que eso es lo que menos les importa a la hora de emitir su voto, o quizá me equivoque y ello sirva para cambiar el sentido de dicho voto. Algo me dice que no. Porque me consta que el cinismo de los votantes populares, su nula solidaridad, su bajo nivel cultural, su clericalismo idólatra ya sea de la Virgen del Pilar o la del Rocío, puede más que la incomodidad de ver cómo tu niña aún adolescente y con un futuro incierto (como el de cada vez más personas en este país) engendra en su vientre un niño no deseado. El qué dirán en este país de analfabetos ya no funciona. Muchos, como suele decirse están curados de espanto. A unos y a otros recomiendo una película rumana, ambientada en Rumanía y en la que una joven tiene que abortar, de manera ilegal, en un hotel de mala muerte, con la sola compañía de su mejor amiga, y mediante los servicios de un "carnicero" un sujeto repugnante de modales chuscos, malencarado, insensible, ignorante y que se dedica a practicar abortos clandestinos y a quien sólo le interesa el dinero y el dinero y el dinero y que la policía no se entere, claro está, y como la chica no tiene suficiente dinero le propone a su amiga pagar lo que falta en carne y la folla en la cama de al lado de forma miserable... y no quiero seguir más. No recuerdo el título de la película, sé que es una cinta rumana. Siento no poder ser más preciso. Pero sí recuerdo que aquella noche me costó dormirme.
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