Después de visionar las diferentes cadenas de televisión durante una semana, un mes o el tiempo que sea uno llega siempre a la misma conclusión: mero consumo. Y por supuesto una irreparable pérdida de tiempo. Siempre he pensado que vivimos condicionados por razones culturales, profesionales, económicas, familiares, políticas... y un largo etcétera. Fruto de una realidad que nos atrapa e incluso cuando nos abandona echamos de menos. Otra cosa bien distinta sería vivir bajo las leyes únicas de la naturaleza, la propia que como seres humanos nos resulta inherente y aquella que nos impone el medio. Para que nos entendamos: cuando hace frío uno se abriga y cuando hace calor... y dicho así las noches son para dormir. Pueden serlo para leer, para contemplar la luna, si la hay y no vives en Euskadi donde más de la mitad del año está nublado y ver cualquier astro, que no sea un cocinero, suele resultar a veces milagroso. También puedes reflexionar antes de que el sueño te derrote, charlar con tu pareja de vuestras cosas (siempre hay algo de lo que hablar), podéis hacer el amor ahora que los niños ya están dormidos, después haceros caricias y recíproca compañía en la que el otro sienta que estás ahí y que estás siempre, para lo bueno y para lo malo. También podéis dedicaros a conoceros mejor, por qué no. Y al final cuando la noche se ha convertido en silencio, pues eso, a loló y a disfrutar del sueño. Y sin embargo miles porque me consta que son miles de personas, cada noche se plantan ante el televisor para ver esos programas repulsivos donde un grupo de ganapanes defiende sus ideas a gritos, generalmente entre insultos al adversario, a veces incluso con amenazas, diatribas y propaganda mucha propaganda. La diferencia entre un país civilizado, culto y en definitiva desarrollado, con otro que no lo es a veces estriba en la calidad de sus contenidos televisivos. Pero no nos engañemos: ningún país culto y civilizado se libra de tener entre sus ondas telebasura, ni tan siquiera canales temáticos dedicados a la misma. No. El problema está en lo que nos ofrecen y aceptamos sin rechistar. Lo digo como sociedad. Me permito decir que, aunque alguna vez he pecado, me siento muy lejos de toda esa mierda. Y lamentablemente y aunque jugando al fútbol, al tenis, a las motos... y tantos deportes que alimentan la estulticia nacional dicen las crónicas somos tan buenos; también somos los primeros en consumo de telebasura. Mierda que semana a semana se recicla como la mismísima actualidad para que al tragar no raspe la garganta. Y preste atención al tertuliano de turno, que lo que va a decir es muy interesante, tanto como la réplica del contrario.
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