Ha tenido que llegar a Europa, al mundo civilizado, para que todo el mundo hablé de él. Hasta hace nada sólo era un problema local, uno más de los muchos que asolan al continente africano. Problemas varios exportados por el hombre blanco que no sólo trazó fronteras arbitrarias dividiendo pueblos y familias sino que esquilmó hasta el último centímetro cuadrado de tierra. Hoy África es el "vertedero" del planeta por obra y gracia de las multinacionales y el comercio sin escrúpulos. Y lo mismo en sus aguas pesca quien le dé la gana por imperativo de normas internacionales que siempre benefician a los mismos, que una multinacional farmacéutica utiliza como cobayas a poblaciones enteras para probar la capacidad de los venenos que fabrican. Incluso las empresas tabaqueras, apestadas en Occidente, ya buscan en el continente negro el negocio que se les niega en el mundo desarrollado. Y es que África desde Cecil Rhodes, aquel megalómano inglés, magnate del oro y los diamantes que entre otras cosas pretendió un ferrocarril desde Johannesburgo a El Cairo, hasta Teodoro Obiang, el último y más cercano gualdrapa conocido; siempre ha estado en manos ajenas. Y manejada por mentes sin escrúpulos. En África se vivió el corazón de la tinieblas, ese viaje sin retorno por el río Congo, envolvente y lleno de misterio con un único destino: la locura. Las guerras de los Bóers, en las que murieron millones de personas. El más nauseabundo desprecio por el ser humano que jamás haya existido; la caza y captura de hombres que luego serían vendidos como esclavos allende los mares. La saña con la que los súbditos de Leopoldo II, rey de los belgas y dueño y señor del Congo, probablemente uno de los mayores asesinos y genocidas de todos los tiempos: millones de nativos fueron literalmente exterminados. Y es que la Historia de África se escribe con sangre, con un látigo, con un rifle, con unos grilletes. Y como bien dijo el Roto en su viñeta El País 8/10/2014 os olvidasteis de África pero África no se olvida de vosotros.
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