Por fin Fancia empieza a parecerse un poco más a España. La extrema derecha se abre camino en el espacio político europeo. Porque, a este lado de los Pirineos estamos curados de espanto: de ministros de interior fascistas y bocazas, de chulos de puta riéndose de sus víctimas a las que estafaron hasta dejarlas en la puta calle, de ver cómo los emigrantes sin papeles se quedan sin atención médica por decreto, de cómo la sanidad se va desmantelando para regodeo de los tiburones... y cómo tipos sin escrúpulos se van quedando con lo que es de todos, incluida la pisoteada dignidad de millones de personas. Aún recuerdo esa foto en la que la ministra del empleo, los gerifaltes de los sindicatos y la garrapata de la patronal: ese sujeto cínico y mentiroso que ha conseguido traer la esclavitud en versión moderna a la clase trabajadora en todo el país; proclamaba el fin de la Historia de Fukuyama. Son muchos los desmanes, lo que se ha roto y será difícil de recomponer, las mentiras que han ido inoculando en la opinión pública, que afortunadamente parece ya ha empezado a darles al espalda. Ese país me suena. Y, mientras en el país vecino tiemblan pensando en la que se les viene encima aquí, repito, estamos curados de espanto. El ébola español no es un virus es un decreto que desde las profundidades del incurable franquismo vive de forma latente entre nosotros y, contrariamente al virus africano al que hacía referencia el miserable Le Pen, aquí nos daña a todos, a unos más que a otros, porque incluso a la hora de hacer daño existen las clases. Dicen las crónicas de hoy que el país se desmorona, se desmorona el bipartidismo, el chollo que desde la Transición les ha permitido a unos y otros campar a sus anchas como el señorito por su cortijo. Parece que que sí. Que algo tendrá que empezar a cambiar de verdad. Que somos muchos y que estamos muy hartos o dicho de otro modo hasta los mismísimos cojones de este retrato de la vergüenza. Parece que Podemos. De momento sólo es una señal, un camino nuevo, una lucecita en la oscuridad que, a mí al menos me genera una cierta esperanza. Desde hoy se respira mejor a este lado del los Pirineos.
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